Opina.

domingo, 15 de julio de 2012

¿Por qué?


Padre nuestro, ciego, sordo y desocupado, ¿Por qué nos has abandonado?


Padre nuestro, de todos nosotros.
De los pobres, de los sin techo, de los marginados y de los desprotegidos.
De los desheredados y de los dueños de la miseria, de los que te siguen y de los que en ti... 
Ya no creemos.

Baja de los cielos pues aquí está el infierno, baja de tu trono, pues aquí hay guerras, hambre e injusticias. 
No hace falta que seas uno y trino, con uno solo que tenga ganas de ayudar nos bastaría.
¿Cuál es tu reino?, ¿El vaticano?, ¿La banca?, ¿La alta política? 
Nuestro reino es Nigeria, Etiopía, Colombia, Hiroshima.

El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género, la pederastia y las dictaduras.
En la tentación caigo diario, no hay mañana en la que no esté tentado de crear a un Dios humilde. 
Un Dios que esté en la Tierra, en los valles y en los ríos.
Un Dios que viva la lluvia, que viaje a través del viento y acaricie nuestra alma.

Un Dios de los tristes, de los homosexuales, un Dios más humano, un Dios que no castigue, que enseñe.
Un Dios que no amenace, que proteja, que si me caigo me levante, que si me pierdo, me tiende a su mano. 
Un Dios que si yerro no me culpe y que si dudo me entienda, pues para eso me dotó de inteligencia.
Padre nuestro de todos nosotros, ¿Por qué nos has olvidado?  






Ella.


Esta noche como otras, pienso en ella.
¿Que debo hacer?
Brindar por haberle encontrado, Aplaudir por herirnos tan sutilmente.
Dejare la luz encendida y diré:

Tu amor fue como una rosa sin espinas, la despedida como una puñalada.
Te agradezco todos esos momentos.
Nuestro error fue no ver la realidad.
Lo hiriente de tus palabras.

Ahora te fuiste.
¿Que puedo hacer yo?
Solo se que no pienso buscarte.
Y creo tu piensas igual.